Identidad, Seguridad y Zarigüeyas.
Entré por dos meses de trabajo de ilustración. Casi tres años y medio después, había ayudado a darle forma a la marca de Smallstep en pantallas, sistemas y espacios físicos de verdad. Menudo brief.



Primero, tuve que entender de qué estábamos hablando realmente.
Entré a través de StudioBox para ilustrar el nuevo sitio de Smallstep, bajo la dirección de Thomas Richardson y Becky Buck.
Smallstep trabaja en identidad de dispositivos: se asegura de que los dispositivos que acceden a los recursos de una empresa sean de confianza. Yo sabía muy poco de ese mundo, así que entender lo que estaba dibujando se volvió una gran parte del trabajo.
Empezamos por el lado humano: personajes, situaciones conocidas y metáforas visuales para que un tema complejo se sintiera accesible. Con el tiempo dejamos atrás esas primeras ilustraciones, pero nos ayudaron a orientarnos: hasta dónde podíamos simplificar, dónde una metáfora dejaba de ayudar y qué necesitaba decir la marca con más claridad.

Versión heredadaVersión rediseñadaCuando las ilustraciones quedaron al lado de todo lo demás, empezamos a ver que otras estructuras visuales pedían atención. El logo era una de ellas. Smallstep tenía que seguir siendo reconocible, así que refiné el lettering y redibujé el símbolo para que funcionara en las aplicaciones que teníamos en mente.
En StudioBox trabajé junto a los ingenieros de diseño Renzo Bianchi y Gerardo Picón. La estrategia de marca fue una consecuencia natural de su proceso de estudio de la estructura de UX y UI de uno de los principales productos de Smallstep. Llevar esas decisiones de estrategia de marca al sistema de componentes (jerarquías tipográficas en Karma y Open Sans, roles de color y degradés) nos dio mucho y nuevo margen para jugar.
El brief de ilustración se había convertido en un rol de diseño de marca, con Becky ayudándome a no perder de vista cómo se conectaba todo.


Acá es donde todas esas pequeñas decisiones empezaron a sumar. El sitio nos dio un lugar para juntar el sistema y verlo funcionar.





































Algunas de esas decisiones también se movían.
Trabajando juntos en estas cards, llevamos la ilustración a la interacción, con animaciones que respondían a la forma en que la gente las usaba.

Smallstep tenía mucho para contar y explicar.
El equipo solía mandarme bocetos hechos con lápiz y papel. En esas cajas y flechas había muchísimo conocimiento. Entenderlo era parte del trabajo.
Tenía que entender qué se conectaba con qué, qué detalles importaban y cómo darle a alguien un camino claro a través de la información. Ahí mi pregunta de siempre, “¿qué estamos diciendo?”, se volvió muy práctica.
Quienes leían estos diagramas solían saber del lado técnico mucho más que yo. Mi trabajo era ayudarlos a encontrar el camino, manteniendo intactos los detalles importantes y haciendo que todo fuera más fácil de leer.
Claro que algunas explicaciones necesitaban mucho más detalle, y más vueltas. A medida que los diagramas crecían, teníamos que asegurarnos de que el lenguaje visual estuviera a la altura. Cada diseño nuevo era una oportunidad para ver dónde ayudaba el sistema y dónde había que ajustarlo.
Smallstep también quería armar una biblioteca con esta información, así que importaba que las piezas funcionaran juntas y pudieran volver a usarse. Busqué maneras de llevar la misma lógica de un diagrama a otro, dejando lugar para lo que hacía único a cada uno.
Esta parte del proyecto me mantuvo aprendiendo. Para organizar bien la información, tenía que seguir familiarizándome con lo que el equipo estaba construyendo.

Para entonces, el código de estilo que armamos para la marca ya estaba funcionando en todos los lugares donde la marca tenía que aparecer, offline incluido.


También produjimos los assets de las campañas de marketing de Smallstep, que salían sobre todo en LinkedIn. En redes es difícil anticipar qué va a funcionar, y lo que rinde casi nunca coincide con la corazonada, así que probamos todo lo que pudimos: variantes de diseño, copy, imágenes, formato y color, cada una medida contra las demás. Una sola campaña podía terminar fácilmente con entre 12 y 70 piezas para publicar.
Por eso cada campaña se armaba como un sistema dentro de bibliotecas de diseño compartidas, pensadas para que equipos de fuera de diseño pudieran producir piezas por su cuenta sin salirse de la marca. Eso hizo que la marca respondiera más rápido a sus necesidades de contenido, y que cada campaña fuera fácil de adaptar para la siguiente.
Abajo, una sola campaña, de julio de 2025.
En algún momento, estaba eligiendo materiales para un stand de exposición.
Eso estaba bastante lejos de las ilustraciones del sitio original. Como Smallstep necesitaba hacerse notar en grandes eventos de tecnología, en paralelo íbamos resolviendo cómo podía funcionar la identidad en esos espacios físicos, con un montón de cosas nuevas a tener en cuenta.
Diseñé stands en 3D, rearmé mockups, exploré materiales y creé varios sistemas gráficos para que el equipo pudiera personalizar los stands según lo que necesitara. Ahora el sistema tenía que tener sentido a la escala de un stand, con superficies reales, limitaciones de producción y gente moviéndose alrededor.
El contrato de dos meses terminó durando casi tres años y medio. Mirando atrás, esta parte deja especialmente a la vista ese cambio de alcance: había llegado para dibujar algunos assets y de a poco me fui involucrando en cómo se presentaba la marca.










Y sí, hubo zarigüeyas. Los stickers para eventos nos dieron lugar para divertirnos un poco y mantener ese lado amigable de la marca.












Los stickers y el sistema de íconos me pedían cosas distintas. Unos nos daban lugar para los chistes; el otro necesitaba una forma consistente de comunicar información específica. Disfruté moverme entre esas necesidades y descubrir qué tenía que hacer cada pieza.
A lo largo del proyecto trabajé como ilustrador, diseñador de marca, diseñador de sistemas, estratega y a veces hasta como product manager, siempre junto a gente de distintas especialidades. Eso es lo que más me quedó. Un brief te ayuda a arrancar, pero entender lo que necesita una marca lleva tiempo.
Tenés que estar dispuesto a revisar tus propias ideas, incluso las que te gustan, y dejar que lo que aprendés le dé forma a la siguiente decisión.

La gran parte del trabajo fue mantener la curiosidad, ser útil y darle al trabajo espacio para convertirse en lo que tiene que ser.
Lo volvería a hacer con gusto.